…reintero mi disgusto por él. Veré si acaso puedo explicar el porqué. Mas advierto a los amantes y fans de HP (que sé son bastantes) que esta es sólo una opinión que tal vez cambie conforme lea sus demás aventuras o quizá, mi disgusto aumente.
Primero, por el principio.
De verdad disfruté muchos los primeros capítulos del pobre niño huérfano mal querido. Quizá sea porque hace poco me topé nuevamente con
Oliver Twist y
David Copperfield. ¡Qué bonito es leer las aventuras de los niños en desgracia; sobre todo cuando hay humor e ironía! Me gustaban sus aventuras de dolor y angustia contra los Dusley. Aclaro: no era por el placer de leer a Harry sufrir, sino más bien porque me parecía una anécdota interesante y bien estructurada. Me gustaba la idea de que Harry era especial, pero que nadie –ni siquiera él- se “agarraba” de ello para que las cosas le salieran bien; justo como le pasaba a los personajes de
Dickens.
Después, mi gusto se vino a pique con los laaargos capítulos de Harry llegando y conociendo el mundo mágico y la escuela de Hogwarts. Se me hicieron eternos y aburridos los episodios describiendo la escuela, casas, clases, deportes, exámenes, fiestas, investigaciones y el espantoso relleno cremosín de “la Navidad de Harry Potter”. ¿Y por qué? Bueno: porque para entonces, todo le comenzaba a salir bien: era el chico más popular y pertenecía a la casa “de los valientes” e inexplicablemente tenía la simpatía del director Dumbledore y posteriormente de la estricta profesora McGonagall cuando se revela como el prodigio en Quidditch, el deporte por excelencia en el mundo mágico (que por cierto, según mi punto de vista, no tiene nada de deportivo volar cazando pelotas sobre una escoba cuando esa es una habilidad mágica y no física. Y además… ¿Cómo es que una anotación –que puede ser mera suerte o casualidad- puede decidir todo un larguísimo partido?) ¡Harry hasta le cae bien al “malo” del libro (hablo de Snape, no de Voldemort) y aunque no quería lo ayudaba! O sea: el patrón del pobre niño se modifica a el héroe que, por ser héroe, tiene la vida resulta.
Y si alguien por ahí dice seguro: "¡No es cierto! ¡A Harry no lo querían cuando hizo perder 150 puntos a la casa Glyffindor!" Y sí, para entonces ya nadie lo quería por echar de cabeza a su casa en esa tonta y burda competencia sajona. Pero ¿acaso le importó o sufrió una evolución que le hizo reflexionar con madurez sobre ganar o perder popularidad? Por supuesto que no. Harry no tiene crisis emocionales ni existenciales. Lo que le quita el sueño no es el ser amado, sentirse integrado o simplemente ser considerado ser vivo (cosa que sí sentía con los Dursley). Lo que le preocupa es descubrir quién es Nicolas Flamel, quién le dio un regalo en Navidad y cómo escurrirse en la noche sin ser visto en los pasillos de la escuela. No lo sé… quizá sigo pensando como
Stevenson que decía que las aventuras de “a ver qué pasa” no es para los valientes, sino para los imprudentes y ociosos.
Y bueno, si hago como que no me importa la ligereza mental el héroe, empiezo a ver la agonía de los chichés sajones. Veamos de cuáles me acuerdo: los protagonistas se hacen amigos de la ñoña de la generación salvándola de un monstruo (y luego ella los salva de reprobar trabajando el triple); la escuela ama y odia por igual como rebaño no pensante, el destino de las casas se decide por encuentros deportivos (¡en una escuela de MAGIA!), hay un güerito odioso y brabucón que anda con dos gorilones, todos saben algo que no quieren decir nomás porque "eres muy joven", el debilucho miedoso del curso provoca una pelea inducida por el héroe, los protagonistas comen como gorditos en feria (dulces, postres, carnes, pasteles interminables…) y no engordan ni tres gramos, todos son bien portados (no rondan por los pasillos en la noche) menos los héroes, el ¡ay! ese final tan
Deus ex machina… Y sé que si le rasco salen más pero ya me estoy enojando.
Me puse a pensar en qué clase de gente (ficticia, sí, pero creada sobre una veracidad) es esa de

los magos que se ve superiores a los moggles (la gente no mágica como todos nosotros). Los magos no sólo nos tachan de ignorantes y miedosos por no ser como ellos (¡qué segregarios!) sino que además viven en “el otro mundo” donde las cosas malas pasan libremente y nadie hace nada. Digo, si son tan buenos en eso de la magia y el estudio... ¿cómo pueden ser así? Es terrible, pero viéndolo fríamente Hogwarts es el paraíso de cualquier delincuente con tan mala formación, reglas de plástico, seguridad malísima y sin más principios que hacer lo correcto. De haber otra escuela de magia (creo que en alguna parte decía que era "la mejor escuela de magia"), Hogwats es bastante mediocre. ¿Quién forma maguitos con tan poca conciencia social? ¿Cómo pueden ser buenos un puñado de maestros intolerantes que presuponen todo y desprecian a sus alumnos? ¿Y qué clase de "héroe positivo" es aquel que regresa a casa feliz y pronto para burlarse del prójimo con lo aprendido en su viaje? ¡Qué final...!
Y hasta aquí termino con mi desproticamiento contra HP. No tengo muchas ganas de seguir y ridiculizar sus chistes (¿en serio eso es gracioso o es de ese tipo de humor bobo como ver a alguien caerse?), criticar la calidad de información que da Rowling sobre mitología y la muerte, describir errores y parches en la traducción de Salamandra, despedazar del último capítulo y las aventuras con Norberto el dragón. Y pensar que no es una el número de la tesis profesionales que se hacen sobre las aventuras de este mago... Ojalá y los libros mejoren: tengo que leerlos todos por el trabajo.
Beh, disculpen esta entrada los amantes de Harry Potter. Seguiré afirmando (y les avisaré cuando ya no opine así) que Harry Potter no es un buen libro ni creo que sea el material ideal para acercar a los jóvenes a la literatura. Definitivamente no. ¡No se menosprecien! Ese argumento de "lo comencé a leer y me gustó porque era bien fácil" sólo demuestra lo mal que leemos. ¡Vamos! Pueden tomar otro libro (que hay por montones) que están más libres de estigmas tan pesados como los chichés sosos que señalé, argumentos vacuos, estilo pobrezón y facilidades intelectuales para crear manadas de no pensantes.