jueves, 30 de abril de 2009

... es día del niño...

...presento una foto de mis años infantiles. Creo que tengo 9 ó 10 años. La idea fue por Nolo y su foto blog. La fotografía es de una mítica Navidad o Año Nuevo que pasamos en mi siempre amada casa de Tuxtpec Oaxaca sin visitas. Quizá dirán que diciembre ya pasó, pero lo que rescato de la foto es la anécdota: para la celebración, mi mamá se la pasó cocinando desde temprano muchísima comida mientras nosotros tres picábamos de todo y jugábamos. A la mera hora de sentarnos a cenar, ninguno tenía hambre. Tuvimos muchos problemas para meter todo lo preparado en el refri y recuerdo muy bien cómo mi mamá estaba molesta y se quejaba de lo desconsiderados que fuimos con ella por no valorar todo lo que trabajó.

Hoy estoy de su lado. Me molesta en sobremanera que piquen mientras estoy cocinando o que dejen sobras/vicios/poquitos en el plato.

Pero bueno, lo que quería escribir es que de unos años para acá, me rodean niños. Sobrinos y primos sobre todo. Siempre están llenos de energía (menos cuando enferman que se van al suelo rapidísimo) y quieren siempre jugar. Los niños toman las cosas de una forma tan sencilla y bueno, yo que soy complicada y deseo tener el control hasta del clima, me apaniquean. Me es imposible hacer que un niño tome conciencia del sacrificio de los padres. Sigo sin sentirme capaz de aventarme a tener hijos, ni siquiera adoptados. Todos me dicen que son maravillosos y que uno aprende mucho y un laaaarguísimo etc. que suena a lugar común. Me aferro: no quiero niños, pero por favor, que no dejen de rondarme. Feliz día del niño, niños míos.

viernes, 24 de abril de 2009

...la recuperación es larga...

...la tranquilidad me llena. A medias, siento el compromiso con mis amados niños, pero por convencimiento personal, los he dejado a cuidado de maestros sustitutos.

El día de hoy, me han quitado los puntos y todo parece ir bien. Mi doctor me prohibió trabajar la siguiente semana. Ya le creo porque anoche que salí a dar una vuelta a la cuadra me di cuenta que las subidas de Xalapa me son aún imposible de dominar. Luego está el asunto de la voz: tal parece que uno de mis pulmones agarró una infección por el entubamiento ante la anestesia general y pues ando respirando mal y con trabajos puedo hacer oraciones largas y me es imposible elevar la voz. Aunque me comen las ganas por ir al trabajo, darme una vuelta al centro o simplemente ir a la tienda de la esquina, no me dan las fuerzas.

Sin otra opción, me tomaré otra semana de descanso en casa. No puedo salir ni exponerme al sol o al frío de la tarde, hacer esfuerzos ni permenecer mucho tiempo sentada/acostada/de pie, así que seguiré en casa. Voy bien: leo bonito (hasta sueño con lo que leo como me pasaba antes de entrar a la facultad), veo películas y series de anime que llevo atoradas, armo rompecabezas, baboseo en Internet, como cada hora y media, escucho mucha música y claro, recibo visitas.

Agradezco los mensajes y llamadas de los enterados preocupados. La verdad es que me siento bien, pero no puedo rendir tanto como esperaría. Por esta vez, me daré un tiempo. Descansaré, pues.

Y aunque tengo un hueco en la panza, hambre contante, antojo de quesadillas y café con leche, me siento muy aliviada y tranquila. Comentaba con mi gente que me parece que me extirparon el mal humor junto con mi vesícula putrefacta. Ojalá y dure la paz y me llene las pilas para largo porque... ¡cómo hace falta!

sábado, 18 de abril de 2009

...estoy operada...

...de nueva cuenta confirmo mi caracter brujístico. La semana de vacaciones que tuve fue fantástica y el viernes por la noche tenía aquella angustia de mis días de niña de ver que mis vacaciones se había acabado. No quería regresar a clases en las universidades; quería seguir durmiendo y permanecer en casa porque ¡tenía tanto por hacer aún! Y bueno, mi boca de bruja me hizo caer en cama. Mis malestares gástricos que creía mala costumbre alimenticia personal, me produjeron fiebres, vómitos, dolores, mareos, ascos, debilidad y mucho sueño. Y se me concedió el deseo y en cama me quedé retorciéndome de dolor. La familia y amigos hicieron los movimientos necesarios (porque yo de plano estaba desconectada del mundo) y terminé en la sala de operaciones: Colecistomía por una vesícula alterada de casi 12cm de largo, con las paredes debilitadas, rellena de natas de pus y dos piedrecillas. Tendré una linda cicatriz de 9 puntos en la mitad de mi yo a cambio de una vida sin un cacho que me impedía disfrutar una pizza de quesos. Ojalá no le extrañe mucho.

Y bueno, ahora estoy en casa extendiendo las vacaciones, pero sin salir ni a la esquina. Tendré tiempo para acabar algunos de mis pendientes porque otros me serán imporibles de realizar caminando como viejita, alérgica al sol y comiendo sólo vegetales hervidos.

Realmenete agradezco la labor de la familia y amigos; me impresionó el trabajo de equipo de todos. Lo malo es que luego me animan con su terapia lúdica que me hace llorar de dolor. No debo reirme, llorar, asustarme, estordunar, tener hambre o hipo. Muchas películas que quería vr deberán esperar otro rato. El dolor va perdiendo terreno, pero hasta el día de hoy sigo siendo incapaz de leventar un kilogramo, agacharme o alzar los brazos sin sentir que me deshago.

Yo yo mi boca. Por lo menos, ahora sí, dormiré todo lo que quiera y quedaré chocada de mi cama.

sábado, 4 de abril de 2009

¡...son vacacaiones...!

...siento que tengo tiempo libre. Aunque mi lista de pendientes la comencé a idear desde febrero, finalmente la redacté ayer mientras esperaba a que me entregaran el último examen los chicos de Redacción de la Gestalt. Hace unas horas, entregué mis calificaciones forzosas para antes de vacaciones y ya estoy en casa, con una semana libre, sonriendo, escuchando a Monk sin zapatos. En Xalapa se siente uno de esos sopores que nos hacen ver con cariño el suelo frío de la casa, de esos en los que uno desea permanecer sumergido o que de pronto, sin más preámbulo lloviera con fuerza. Al mismo tiempo que quiero salir corriendo de la casa, desearía que me ganara un sueño restaurador y que no me importara en lo absoluto el calor.

No sé que tanto de lo planeado en vacaciones haga. Es un poco como lo que pasa en año nuevo cuando nos entra la euforia de los propósitos y comenzar planes. Sé que deseo (y necesito) dejar de trabajar (tanto). Sé que quiero escaparme unos días, que me hace falta dormir bien, leer algo bonito y ver tele. Ya sabrán que tan bien o mal me fue en estas vacaciones. Por el momento, sólo sé que me siento tranquila y relajada; agradezco infinidad al gran Bogo por haberlas alcanzado sin desmayarme mientras caminaba a casa bajo el sol.

El día de hoy, la carta fue la templanza. Y yo, para mis adentros, sonreí feliz. ¡Jah!