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domingo, 18 de mayo de 2014

...regreso de la FILU

Foto: Ernesto Navarrete
...todos insistía con la dichosa bolsita tras la compra pese a que llevaba mi "librero portátil" de la Gandhi. Antes guardaba las bolsas de las compras en el afán de reusar, pero cuando advertí lo rápido que se acumulaban decidí negarlas por completo. Lo peor de todo es que no sé cómo es que siempre hay más.

Creo que una buena estrategia sería entregar la mercancía sin bolsa y sólo si el cliente la pide, entregársela. ¿En verdad la gente quiere una bolsa? A veces creo que no, que sólo es una costumbre como pedir el comprobante de compra que olvidas tan pronto lo arrojas en el fondo de tu bolsillo, como cuando le echas sal a la comida sin haberla probado siquiera o saludas con un "¿cómo estás?" sin que te importe en lo absoluto.

Sin bolsa, por favor
...porque no me cuesta llevar algo en las manos.
...porque lo puedo llevar en mi bolsillo/mochila/bolsa.
...porque no tengo vergüenza de lo que compro.
...porque no quiero presumir donde compro.
...porque no llueve ni se maltrata lo que llevo.
...porque hay productos diseñados para transportarse.
...porque fui al supermercado y llevé bolsas de tela.
...porque es ridículo llevar una bolsa dentro de otra bolsa.
...porque tengo muchas en casa.
...porque afean cualquier espacio. 
...porque me preocupa mi planeta. 
...porque si están libres pueden volar y recorrer grandes distancias.
...porque si se cubren de tierra se degradan en cientos de años.
...porque en ríos y mares causan tragedias. 
...porque si los animales se las comen, mueren.
...porque biodegradable no significa degradable.
...porque no me sirven.
...porque seguirán haciéndolas si las usamos.
...porque siempre hay una mejor opción.

¡Sin bolsa, por favor!

[para Xalapa Limpia]

PD: Que dejen de rondarme los libros para la tesis... quiero el gozo literario.

lunes, 5 de septiembre de 2011

...estoy otra vez enferma....

... me enoja mi condicion tan humana y tan común.

Cómo me molesta estar enferma. Odio el cuerpo cortado, la garganta dolida, la cabeza zumbando, el ánimo que no quiere hacer nada más allá de lo necesario.

¿Por qué la gente se enferma cuando quiere trabajar?

Salud... ¡ven a mi! Ya me cansé de estar cansada...

lunes, 8 de agosto de 2011

...la venganza...

...me hace ruido otra vez, me hace pensar en los problemas de su realización.


Leí un articulito interesante en una revista de pocas nueces en donde aseguraban que, al concretarse, se liberan un sinnúmero de endorfinas y, al igual que el sexo, nos llena el individuo de felicidad. Según el artículo, la venganza más dichosa, como el buen sexo, es largo, despacio, prolongado e intenso. Como el amor erótico de Fromm, la venganza se disfruta por pedacitos con cautela, casi en frío pero con la llama en su punto porque el placer se concentra en su planeación, en el disfrute de cómo la presa (en la venganza, el enemigo, el objeto odiado del cual sólo se espera su destrucción), cree que no pasa nada cuando pasa todo. Es un preludio maravilloso, una serie de apariencias y juegos de dobles caras en donde espera un acotencimiento con gran expectativa. Qué placentero es ver a nuestro odiado sufrir y cuánto gozo podemos sentir cuando nuestro perverso plan se cumple...


La venganza puede ser muy sencilla como regresar un golpe, pero también puede ser muy cruel como planear el daño a quien no la debe ni la teme. He aquí lo que me afligió de la venganza...

Generalmente soy una persona tolerante y amable la mayoría de las veces. Es más fácil que haga un entripado antes de decirle a alguien que no. Sin embargo, ante una ofensa, núcleo de la venganza, puedo convertirme en más que una bruja. Al ver lo odiado, parece como si todas mis energías se concentren en hacer daño, en producir el mal. ¡Cómo disfruto de la desgracia de la persona que odio! Me convierto en más que una serpiente, en más que Medusa, en algo más feo que vive entre gorgonas, algo que los héroes deben matar por atentar contra la vida de las personas. Soy la mala del cuento, la bruja perversa...

Hace tiempo, me dijo uno de mis amores frustrados que era más bien una caprichosa, que solo tenía que aprender a ser más tolerante. Hoy sé que no es tolerancia lo que me falta. Soy completamente consciente de mi capacidad de odiar y hacer el mal. Y entonces me frustro: si no temiera tanto de las erinias sociales, claro que envenenaría su bebida, lo torturaría, lo humillaría públicamente, le haría suplicar por mi perdón y que sufrieron los hijos de sus hijos...

¿Porqué hasta el odio se nos tiene negado? ¿Qué tiene de malo? Incluso maldecida, Medusa no se retractó de su ofensa contra Venus y de las lágrimas y sangre de su cabeza decapitada por Perseo, nació el magnánimo pegaso. ¿Alguien puede justificar la venganza?


"No odies, aprender a perdonar"

Y la verdad es que no quiero hacerlo. Y prefiero seguir con el ritual en donde el mal se percibe, pero no se ve; es como un perfume en una habitación, como un delicioso juego... justo como el amor.

martes, 26 de julio de 2011

..estamos de vacaciones de verano...

...como siempre, no se sienten como vacaciones. Entre la planeación del semestre que está por empezar, los dolores de la organización académica, la entrega de reportes, memorias, evidencias, más las exposiciones, ponencias y, como cereza del pastel, los cursos de actualización, estoy cansada. Tengo en la cabeza muchos pequeños proyectos y pendientes que me estresan y me quitan el sueño por la noche.

Creo que estraño mis clases...

Lo bueno de las clases es que los alumnos te hacen meter en una rutina bastante amable. Muy rápido, nos podemos poner al corriente y hasta ir felices a clases. Lo malo es que es una rutina ficticia porque los exámenes están para hacernos querer arrancarnos los cabellos cuando estamos seguros que todo va bien. Esos alumnitos llorosos y los justificantes de todo hacen volvernos locos.

Sin embargo, lo bueno de las vacaciones es que los horario son más flexibles y puedo tener ciertas libertades. Por ejemplo, no entro a las 8, pero de que hay que chambear, ¡hay que chambear! No puedo faltar a las juntas ni a los cursos...


Me encantaría que me dieran una buenas vacaciones... como cuando era estudiante y el cambio de semestre, era un borrón y cuenta nueva. Me encantaban las vacaciones de fin de semestre porque no había tareas ni lecturas obligatorias: había que pensar qué hacer con tanta libertad. Como maestra, estoy preparándome para lo que vendrá. Está bien visualizarse en los próximos seis meses, pero me genera una ansiedad de la mala, de esa que se siente antes de ir al doctor sabiedo malas noticias o llegando a un exámen para el que no te sientes preparado. ¿Qué tendré amarrado con ese trauma?

Lo que rescato de vacaciones es ver a la familia, recibir visitas de amistades perdidas, encontrame con gente en la calle... Luego, están las actividades felices (como tomar café en la azotea) las esperanzadoras (como iniciar mi último trimestre de maestría) y las que tienen gustos divertidos (ver películas, acostarse tarde, conbeber...). Sí, me gustan las vacaciones, pero ¿no podría ser mejores..?

miércoles, 15 de octubre de 2008

Prueba

Prueba preliminar